De la contención a la liberación:
Un análisis arquitectónico del videoclip “Berghain” – Rosalía.

El último sencillo de Rosalía, “Berghain”, trasciende la música para convertirse en un estudio de la liberación a través de la arquitectura y el interiorismo. Es más que solo un videoclip, es un tratado visual que utiliza el espacio como un personaje más, reflejando el proceso de duelo, contención y, finalmente, la catarsis de una mujer que busca sanar su corazón roto (la joya).

Berghain es el nombre de una famosa discoteca de Berlín (Alemania) y es el resultado de la unión de los nombres de dos barrios: Kreuzberg y Friedrichshain.

El videoclip se desarrolla en tres actos metafóricos y espaciales. Los vamos a analizar a continuación:

ACTO I – El espacio doméstico: El apartamento de la contención.

El primer acto se desarrolla en un espacio doméstico de intensa carga simbólica. El diseño interior, acogedor y a la vez recargado, se convierte en el contenedor de la “Blancanieves moderna” atrapada en la rutina.
Como señala la Arquitecta Yina Jiménez en su análisis, “Arquitectura y género: del espacio doméstico al espacio público”, las mujeres siempre han estado implicadas en la configuración, en la conservación y en el mantenimiento del entorno que habitamos, ya que han sido persistentemente las actrices esenciales de la habitabilidad de las ciudades al atender todas las tareas de cuidado.

La atmósfera está densamente marcada por la iconografía religiosa (El Sagrado Corazón, La imagen de la Virgen María, El Crucifijo). Estos elementos no solo decoran, sino que subrayan el peso de la tradición y la culpa de una moralidad católica omnipresente. Las tareas cotidianas (lavar, planchar, hacer la cama) en este contexto visualmente denso, se transforman en rituales de abnegación y simbolizan la ira contenida en lo cotidiano.

Rosalía abre la cortina como un acto voluntario que permite el ingreso de la luz y la música (La orquesta) para que estos invadan el set que en un inicio estaba encerrado y oscuro. Arquitectónicamente, marca la transición de lo interior a lo exterior, de lo oculto a lo revelado, el primer paso físico hacia la liberación.

ACTO II – El umbral de proceso: El tercer lugar.

Al salir, Rosalía ingresa en un espacio liminal por excelencia: el exterior urbano y el autobús. Este es el tercer lugar, ese espacio que le pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo, y que actúa como un purgatorio escénico.

Su cambio de vestuario, del negro inicial al gris o tonalidades más claras, funciona como un intermedio cromático, reflejando la neutralidad emocional del tránsito.
No todos los grises son neutros debido a que su naturaleza está definida por su subtono, en el caso del videoclip, Rosalía presenta grises fríos, es decir, tiene subtonos azules o verdes. Este espectro de grises se perciben como metálicos o tecnológicos, y se aplican en espacios de trabajo.

La relación de los grises fríos y la liminidad se debe a que estos espacios transitorios nos dirigen hacia nuestro tercer lugar, tales como la universidad, la escuela o el trabajo; espacios que se perciben fríos y poco acogedores.

El autobús es el espacio perfecto de la reflexión o disociación en movimiento. Es un espacio público donde, paradójicamente, uno puede aislarse y procesar el dolor. Representa el concepto de desaparecer y de transformarse. Lo liminal, ubicado entre dos estados, dos etapas, se convierte en el puente necesario entre la rigidez de la casa y la anarquía del bosque.

ACTO III – El espacio onírico: El jardín de la liberación.

El último acto se desarrolla en un espacio onírico, una transición violenta hacia lo natural, lo primigenio y lo irracional. La indumentaria de Rosalía cambia a un color más claro y la adorna un lazo rojo (Blancanieves).

Björk hace su aparición en esta escenografía reinterpretada como un ave, del mismo modo, la orquesta que acompañaba a Rosalía en todo el videoclip aparecen como animales del bosque y la protagonista se libera de todas las reglas, la escena se convierte en un paisaje emocional y primal.

Este entorno difuso representa la liberación instintiva (lo animal) y la entrada hacia un mundo onírico. Arquitectónicamente, presenciamos el colapso de la estructura racional, el ciervo desangrándose y la metamorfosis de Rosalía en una paloma son imágenes que demuestran que la protagonista ha derribado los muros de su contención (simbolizados por la casa) para dar paso a un paisaje emocional, donde la estructura no es de concreto, sino de instinto.
En “Berghain”, Rosalía canta a la sanación y la deconstruye espacialmente. El videoclip es un mapa arquitectónico de un corazón roto, que parte de la contención, pasa al movimiento y culmina en la absoluta libertad del colapso emocional.

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